miércoles, 12 de marzo de 2014

MEDIADORES Y TRANSMISORES DE RECUERDOS: LAS PERSONAS MAYORES.

Podría parecer que nosotros somos mediadores para las personas mayores, para los ancianos. Que así es y debe ser, pero también lo son ellos para nosotros, entre otras cosas como portadores y transmisores de recuerdos. Muchas veces los tomamos por pesados, repetitivos y "batallitas", y les escuchamos poco. Pero, quiero pensar que la mayoría de las veces si prestamos atención, encontrándonos con sorpresas, narraciones de hechos históricos de primera mano, recuerdos familiares de gran valor, y relatos divertidos...
Voy a compartir algunas anécdotas  narradas por algunas de estas personas de gran y valiosa memoria. Y de paso hacemos un viajecito por el tiempo...

Conocí hace unos cuantos años a Isacia, en la residencia de ancianos de  la calle Almagro. Era una ancianita con movimientos todavía ágiles y con la cabeza perfecta. Después de comer, se sentaba en un butacón a dormitar, pero si le dabas conversación, encantada te contaba cosas.
Tenía 106 años, un día le comenté que ella había nacido bajo el reinado de Alfonso XIII,  su respuesta fue afirmativa y luego exclamó:
-¡Yo estuve en su boda!
-¿Cómo? ¿Estaba usted allí?- me sorprendí. Y me narró lo siguiente:
Ella tenía cinco o seis años, y su padre la llevó a la calle a ver pasar el carruaje de los recién casados reyes, Alfonso y Victoria Eugenia. Le pregunté  si le pareció guapa la reina, que fue famosa por su belleza, su respuesta me divirtió:
- ¡Bueno! no era pá tanto! ¡era muy blanca!
Poco después de verles pasar, fue testigo del atentado que sufrieron a manos de Mateo del Morral. Recordaba el griterío de la gente y la impresión que le produjeron los caballos ensangrentados, pues eran blancos y quedaron teñidos de rojo. Su padre y ella salieron ilesos, pero el recuerdo 100 años después lo tenía vivamente grabado.


Carruaje de un noble asistente a la boda


El siguiente relato me lo contó mi abuela Josefina. Tendría ella unos cuatro o cinco años, sería 1910 ó 1911 en Almendralejo. Iba todas las tardes a jugar al parque con su ama, una pizpireta chica joven. Un día pusieron una "atracción" que consistía en una especie de tomavistas, en el cual echando una moneda se  podían ver unos fotogramas. El ama, todas las tardes se acercaba con avidez a mirar por aquel aparato y hacía comentarios tales como: ¡Pobre Inés María! ¡Ay madre, que desalmaos! ¡oooyyy oyyyy! ¡La de sangre que hay!.
Mi abuela con curiosidad pedía verlo y el ama le respondía: ¡Qué no, que eres mu chica!. Pero una tarde, a regañadientes la subió en brazos para que viese bien las imágenes y lo que vio la niña, con gran susto, fue un pavoroso relato del crimen de Don Benito, acaecido en 1902. En blanco y negro iban contando la historia; se veía la casa de la joven, a su madre, al sereno cómplice,  a los asesinos,  y una representación del cadáver de la madre y el  de Inés María, la joven de 18 años asesinada por un despechado pretendiente, que le asestó 21 puñaladas. Mi abuela nunca olvidó a la joven...


El crimen de Don Benito contado en ABC

Esta historia me fue contada por una señora, que hoy sobrepasa los noventa años. Es una pintora francesa, que lleva muchos años en España. Es una mujer independiente, de aire masculino y marcado carácter. Sobre 1944 era todavía una estudiante en Francia. Estaban en plena segunda guerra mundial y faltaba poco para la liberación de París por los Aliados. A esta señora la acusaron de tener un romance con un oficial nazi. Y la encarcelaron durante un mes. Me contó que le raparon su larga melena, y que para el aseo diario, le entregaban un bloque de hielo y debía lavarse únicamente con eso. Lo relataba con frialdad, pero me hizo sentir verdadero miedo.

Observo que os he contado recuerdos un poco truculentos. Pero como decía Groucho Marx: "si no le gustan mis principios, tengo otros". Así que, terminaré con un relato más festivo.

Me fue  contado también por mi abuela Josefina. Ella se casó con mi abuelo, en 1a primavera de 1933 y de viaje de novios fueron a la Costa Azul y París. En esta ciudad visitaron un club para ver un espectáculo de Josephine Baker, la célebre bailarina negra, que se desnudaba a ritmo de charleston. Mis abuelos se quedaron boquiabiertos, y mi abuela  decía que su piel era maravillosa y que tenía el cuerpo más perfecto que había visto nunca.


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