martes, 1 de octubre de 2013

¿Queréis escribir?

A veces me preguntan que cómo y dónde aprendí a escribir o que de dónde saco las ideas. Yo contesto que se aprende poco a poco, que hay muchas herramientas para ayudarnos y la principal es el entusiasmo.

 Técnicamente lo primero que tenemos que hacernos es una serie de preguntas:
¿Qué voy a contar?  ¿Qué tipo de narrador voy a utilizar?  ¿Quiénes y cómo van a ser nuestros personajes?
 Es importante hacerse con una buena memoria de nuestra novela.  Detallar en que va a consistir, hacer un estudio de los personajes en sus vertientes física, emocional y la dinámica que van a seguir. Estos tienen que tener un cambio que debe verse. Y hacer un breve resumen de los capítulos que nos servirán como guía.
Una novela tiene a grandes rasgos tres partes, un primer acto, donde al final tiene lugar el primer punto de giro, que es una acción inquietante que hace que todo cambie para el protagonista; el segundo acto y, finalmente el tercero en el cual se inserta el segundo punto de giro.

Esto, naturalmente es un resumen muy sucinto.  Cuando quise escribir mi primera novela, a las pocas hojas quedé extenuada, sin ideas... y furiosa, claro. Mi natural tendencia al optimismo y las prisas, hicieron que me estrellase.¡ Ah! pero de sabios es rectificar.Entonces, me apunté a un taller literario, el de Fuentetaja dónde me enseñaron a hacer el andamio de una novela. Luego continúe en la Escuela de Escritores y allí bajo la excelente batuta de la profesora María José Codes, he ido dando pasos, con su  buen hacer pedagógico, paciencia y especialmente su capacidad de perro sabueso para hacernos notar cosas, adelantarse a nosotros y darnos pistas.

En estas dos escuelas hay toda clase de talleres literarios, presenciales y online, donde doy fe de lo mucho que se aprende, son prácticos, con buenos profesores, son divertidos y conoces gente estupenda.


Hay otras cosas relacionadas con la creatividad y de importancia para escribir:
Tener un sitio cómodo  y nuestro. Un rincón para nosotros y nuestro ordenador. Con un cuaderno al lado y un lápiz o boli, para anotar ideas. A veces estas vienen y, me siento corriendo a escribir, otras las más, hay que sentarse ante el ordenador y esperar a que vengan. En muchas ocasiones hay que perseguir a la  inspiración, mirando fotos, yendo a museos, escuchando música, observando a la gente por la calle etc Y  lo principal:
Leer mucho. Mis comienzos de lecturas adultas, empezaron por la biblioteca que mis padres tenían en Almendralejo, ocupaba una pared del salón. Mi criterio a seguir, con doce años, era según lo bonito que me resultara el título y así  conocí "la Piedad peligrosa" de mi desde entonces admirado Stefan Zweig, me entusiasmó tanto que, durante las siestas de verano transcribía párrafos en una máquina de escribir del despacho de mi padre. Supuse que le fastidiaba la siesta, y cuando un día le pregunté, me dijo que las teclas y el sonido de mis zapatos por la casa, le encantaban porque quería decir que estaba allí con él. Su respuesta pertenece ahora al baúl de mis mejores recuerdos.
También descubrí a Alberto Moravia, cuya descripción en una de sus novelas, de una bañista desnuda, hizo que escondiese el libro debajo de la cama, so pena de que me lo requisasen. "Sonata de invierno" de un "tal" Ramón María del Valle Inclán, también guardó cama. Otros, los elegía por su grosor, me parecía una proeza leer tantas páginas y así conocí al norteamericano John O´hara y su "Desde la terraza".
Todas estas lecturas las anteriores y las muchas que vinieron después, despertaron en mí el deseo de escribir. Empecé con relatos, eran muy malos, pero yo no me daba cuenta, así que seguía tan contenta. Es importante no desanimarse, el oficio de escritor dura toda la vida y, más si no se tiene un talento especial. Así que la constancia es una virtud para recordar constantemente.

Acudir a recuerdos, lugares que has conocido y anécdotas propias es un buen surtido para contar historias Como  la escena  de "Un mediador inesperado" en el Café del Mar, en Ibiza, al que acuden Teresa y Gabriel, la viví en unas vacaciones y es tan bonita la puesta de sol que  tiré de los colores de mi memoria para recrearla. También hay que iniciar pequeñas aventuras para describir cosas que nunca has conocido. En la novela Teresa, va a una subasta. Pero yo no había ido jamás a ninguna, sólo las había visto en el cine y no sabía como describirla. Fui a una, sintiéndome una investigadora, y lo pasé bomba, con mi pala con número, pujando y comiéndome con los sentidos todo lo que veía, oía, olía y tocaba. Y con el cuaderno al lado.  También quise saber como se sentía vestida con un traje del siglo XIX y alquilé uno. ¡Pesaba un montón! y hacer cosas cotidianas con el era complicado.

Hay muchas más cosas, todas se pueden aprender. Pasaréis ratos fantásticos, de evasión en el mundo de vuestros personajes y hará que os fijéis más en la vida real. ¿Os animáis?





En mi butaca favorita cuando quiero poner las piernas en alto
Mis dos rincones para escribir:


En mi escritorio








2 comentarios:

Merche dijo...

La verdad que leyéndote dan ganas de ponerse a escribir en este mismo instante, lástima que soy nula para eso. Sobre leer, fui una adicta a los libros en mi infancia y mi juventud, ahora me cuesta mucho terminar uno, lo que me mortifica y me da cierta verguenza. A ver si con tu blog consigues que vuelva a mi antiguo ser. Un beso Sonia

Sonia Montero Trénor dijo...

Seguro que no eres nula, Merche. Es cosa de intentarlo si tienes afición. Respecto a la lectura, pues... a mi me pasa igual. Hay temporadas que ni concentración para leer. Intento entonces coger uno que el tema me entusiasme o que vaya con el ánimo. Y si no tienes ganas, pues ya vendrán, que lo leído no te lo quita nadie y, a nuestra edad pues que prime el entretenimiento. Volverás a tu ser, está ahí, solo dormido. Y gracias mil por leerme! Un beso, querida Merche.