viernes, 18 de octubre de 2013

Mi padre y sus lecturas

Hace hoy cinco años que papá y yo no nos vemos.  No físicamente, pero con los ojos del corazón, como decía  "El Principito", le veo todos los días.




Y hoy quiero homenajearle a través de algunas  lecturas que le gustaban.
Cuando era pequeña, le recuerdo leyendo, sentado en la butaca y fumando; aún veo sus yemas con los dedos amarillos por el tabaco, pasando las hojas y, a mí curioseando el título de sus libros. Leía por la noche y  era la última imagen que tenía de él antes de dormirme, pues mi cuarto estaba enfrente de esa butaca. Yo dormía con la puerta abierta, para no tener miedo y,  para que antes de  acostarse viniera a comerse trocitos de chocolate blanco que, yo le dejaba en mi mesilla como "regalo". Creo todas estas pequeñas cosas son uno de los motivos por el cual asocio la lectura con algo placentero.

Recuerdo que le entusiasmaba el británico John Le Carré (1931) y sus novelas de intriga y espionaje. El escritor trabajó para el servicio secreto británico, circunstancia que hacía que sus novelas tuvieran un gran realismo. A papá le gustaba mucho ese género, yo creo que siempre soñó con ser un agente secreto. No nos perdimos nunca un estreno de las películas de James Bond. 
Los títulos que recuerdo en su bibiloteca: "El espía que surgió del frío", "La chica del tambor" y "El sastre de Panamá".


Este título, me lleva a recordar una novela que me encantó:  "Los espías no deben amar" del italiano Giorgio Scerbanenco. Es un librito delgado, de los que se leen rápido, pero es muy intenso. El personaje de la agente Ornella, es de los que no se olvidan.


En un viaje a Almendralejo, ví en la mesita del salón el libro "Una dama en "apuros" con una portada muy colorida,  le pregunté si lo estaba leyendo y me dijo: "¡Kiki, no sabes lo que me estoy divirtiendo! "Es un humor muy británico y especial", añadió encantado. Curiosa, probé a leerlo y desde luego, Tom Sharpe (1928-2013)  era un tipo tremendo, misántropo, muy irreverente, y de una comicidad mordaz.





De sus lecturas juveniles, os contaré una anécdota. Hace un tiempo en una boda, Iván, un primo de mi padre se me acercó y me preguntó: ¿Tú quieres saber porque te pusieron Sonia? ¡yo, si! contesté. Y, me contó que mi padre siendo adolescente leía un cómic, que le gustaba mucho y en el que había un personaje con mi nombre.  Un día en una conversación con su primo le dijo: "Si tengo una hija, la llamaré Sonia". Abrí los ojos como platos "¿Qué tengo nombre de personaje de comic? yo pensaba que lo había elegido mi madre". "Pues no", me dijo muy convencido mi tío.




Y para terminar, la canción "Blue Moon" de The Marcels, de una de las películas preferidas de papá: "Un hombre lobo americano en Londres"




"Lo que disfrutamos, nunca lo perdemos. Todo lo que amamos profundamente se convierte en parte de nosotros mismos" Hellen Keller. 

Hasta luego, papá. Te quiero.