lunes, 2 de septiembre de 2013

El tenista inesperado

Empieza un nuevo curso y con el, un montón de buenos propósitos. Uno de los más habituales: "este año hago deporte". Todos, en nuestra medida y posibilidades podemos.  Os voy a contar una historia, que espero que os motive.

Erase una vez  un chico al que conocí en el aeropuerto de Barajas no hace mucho tiempo. Yo, viajaba a un lugar de centroeuropa y, esperaba sentada y aburrida a que saliera mi vuelo en la sala de embarque. Me levanté a curiosear las otras salas y leer en los monitores a donde viajaban todas esas caras de aburrimiento.

 Me fijé en alguien que sonreía, ¡Ah! ¡por fin una novedad! Era un adolescente vestido deportivamente, con una mata de pelo negro rizada y cejas muy pobladas; portaba  unas fundas  de raquetas de tenis sobre las rodillas, hablaba moviendo unos brazos fuertes, con energía y vitalidad. Nada tenía de especial, salvo por un detalle: estaba sentado en una silla de ruedas, la miré bien  era de competición y parecía el vehículo habitual del chico. Decidí que quería enterarme de qué le había pasado.
- ¡Hola! ¿Juegas al tenis?-pregunté
El sonrió moviendo afirmativamente la cabeza:
- Sí.
-¿Se te da bien?
Se rió de buena gana, pero no dijo nada. Yo, me desconcerté un poco. Un señor a su lado, que resultó ser su entrenador aclaró:
-Es campeón de España de tenis en silla de ruedas.
Abrí los ojos como platos. Le pregunté cómo se llamaba:
-Daniel Caverzaschi.
Puse cara de póquer, este chico  daba muchas sorpresas, era como una muñeca Matriuska, sacando sorpresas. Me aclaró que era español. Su minusvalía era de nacimiento y había empezado en el tenis a los once años.
 A los 15 ganó el Open Nacional y a los 19 fue campeón del Mundo Junior de Tenis Adaptado en Sudáfrica y participó en los últimos Juegos Paralímpicos de Londres, entre otros logros. Me contó lo mucho que entrenaba y la pasión que sentía por el deporte, había hecho baloncesto, béisbol, fútbol americano, esquí náutico, natación...
Y, además estudiaba económicas en Inglaterra.
-¡Tengo que estudiar un montón! exclamó con una sonrisa



Por megafonía anunciaron mi vuelo. También, el suyo a una ciudad donde jugaría una competición.  Me despedí, con pena, había sido un ratito delicioso, había sido como estar metida en un cuento con un protagonista de los que enganchan. Le deseé mucha suerte en su vida profesional. En la personal, estoy segura de que con esas cualidades: fuerza de voluntad, trabajador, sociabilidad, simpatía y ese empeño en afrontar su destino lo mejor posible, le irá muy bien.

Y vosotros: ¡¡Arrr! ¡¡a hacer deporte!!

1 comentario:

Merche dijo...

Emocionanta Sonia, cosas así animan a hacer deporte y cualquier cosa que nos propongamos en la vida aunque sea difícil.

Un beso con sonrisa.