martes, 26 de junio de 2012

El Mercado de Abastos

Os presento otro relato, en esta ocasión dedicado a mi madre. Se publicó en el libro "Al encuentro de todo" editado por la Escuela de Escritores".





Está inspirado en el Mercado de Abastos de Almendralejo.

Fotografía perteneciente al blog 
extremaduraymas.blogspot.com



El mercado de abastos
Para Mami


No puedo convencerla. Carmen, la cocinera no me quiere llevar al Mercado de Abastos. Llevo todo el invierno pidiéndoselo  y siempre me da la misma respuesta arisca:
— ¡Qué no, niña! ¡Qué eres muy chica y vas a ser un estorbo!
— ¡Prometo que creceré esta noche y no te molestaré!
Carmen me miraba, se secaba el sudor de la frente con el delantal y murmuraba: ¡Ea, que te he dicho que no!
Deseaba ver el mercado. Cuando Carmen llegaba de la compra sacaba del carro tantos olores y colorido, que  parecía venir de algún lugar de fantasía, era como una Aladina. Iba depositando todo sobre la mesa de la cocina: grandes hojas de lechuga, puerros, coles, acelgas y espinacas, luego le hacían compañía tomates rojos, pepinos, pimientos, toda clase de frutas, más tarde sacaba jugosos trozos de carne y por último pescado. Yo seguía el festival  con la mirada, sentada en una sillita de enea Luego, la cocinera iba colocando todo en su sitio, a la vez que hacía comentarios sobre las compras:
— ¡El Antonio no me engaña otra vez con el pollo! ¡Será malo! Por cierto: hoy han traído pollitos de colores.
— ¿De  colores? Yo sólo los conozco amarillos
—Pues aquí los hay verdes, azules y muchos más
Estaba convencida de que era mentira y que Carmen era mala. Pero por si acaso aventuré:
            —Quiero uno, y que sea azul ─ dije mirándola fijamente para ver que cara ponía.
            — ¡Qué niña esta! Pues dile a tu madre que te lleve.
Decidí intentarlo, pronto sería mi octavo cumpleaños y mamá era la mejor del mundo,  hacía empanadillas a las que decoraba con mi nombre; me daba fiestas de disfraces y ella se vestía de Kiko Ledgard con muchos billetes en la mano y jugábamos al Un, dos, tres. Mamá, además sabe montar en bicicleta y me lleva con ella, patina sin caerse y me canta la canción: “El día que yo me case a de ser a gusto mío, pío papío”, con su guitarra. También ve conmigo las películas de Marisol.
 Si se lo pido me llevará al Mercado.
Pero mamá se negó, dijo que tenía que ir al colegio y que no podía ser.
Pues entonces me escaparía, mi cumpleaños es en febrero, faltaba poco y así no me reñirían. Cuando llegó el día, me desperté muy temprano. Hacía frío, cogí mi abrigo marrón con ribetes en negro, regalo de los abuelos, a mí me gustaba más el azul de mi prima con sus botones de terciopelo, pero mamá me dijo:
— Tú tienes más suerte, el tuyo te lo han regalado con todo su cariño tus abuelos.
Salí de casa con cuidado, el portón tenía una campana  y para que no la oyeran me subí poniendo el pie en el cerrojo y así la alcancé y le di la vuelta, dejándola muda. Llegué al mercado siguiendo a  una señora con un carro.
Con timidez entré  y vi  un gran patio en el centro, que aunque estaba cerrado, se podía ver el cielo. Los muros eran de ladrillo. Alrededor estaba la zona cubierta para los puestos,  unos detrás de otros, todos de azulejos blancos y de color crema, cada uno tenía su número. Encima de cada puesto había un soportal del que colgaban hileras de faroles grises. Sobre los mostradores estaban las diferentes mercancías. Me llegaban los olores y la algarabía. Era  maravilloso ¡más increíble de lo que contaba Carmen! ¡Esto era una gran aventura todavía mejor que las de los Payasos de la Tele!
De pronto oí piar ¿Serían pollitos? Miré para todos lados pero no veía nada. Seguí el sonido y por fin los vi en una cesta: ¡los había de todos los colores! tal y como había dicho Carmen. Me alegré de que no fuera una mentirosa.  Eran azules, rojos y verdes y eran de verdad. Los acaricié y me pareció que les gustaba. Hoy era mi cumpleaños, cuando volviese a casa, pediría uno como regalo. Miré para ver cual elegiría. Y habría que ponerle nombre. Pues como era del mismo pueblo que yo, se llamaría “Almendralejito”.
Un hombre con un delantal blanco, que salió de un mostrador de pollos, se me acercó:
            —Niña ¿te has perdido?
            —No, sé donde estoy—dije muy tranquila.
            —Pero ¿con quién has venido?
            —Mmmmm con Carmen—mentí.
            — ¿Y dónde está?
            —Creo que se ha perdido
            — ¿No serás tu la que se ha perdido? ─ dijo poniendo los brazos en jarras y mirándome desde lo alto con lo que me pareció mala cara.
            —No señor pollero—y salí corriendo al ver su nombre en la bata: Antonio.
Me escondí detrás de un puesto que estaba vacío y allí permanecí un rato. Enseguida se olvidarían de mí y podría seguir viendo los puestos, quería acercarme al de los pollitos, para asegurarme de que el mío seguía allí.
 Sentí una mano muy grande en mi hombro. ¡El pollero estaba detrás de mí! No me atreví a mirarle, hasta que oí una voz de hombre:
            — ¿Eres Marichu?
¡No era el pollero! Me di la vuelta y vi a un guardia civil muy alto con su tricornio negro.
            —Si, soy Marichu, pero no he robado nada ─ respondí asustada.
            —Pero te has escapado de casa ¿verdad?
            —No, solo he venido a ver el mercado, es mi regalo de cumpleaños, bueno, el primero, porque el segundo es un pollito.
            En ese momento vi  llegar a mamá y a Carmen, venían llorando y me abrazaron, eso al principio, luego mamá me riñó muchísimo. Gracias a Carmen me habían encontrado. Mamá me dijo que a pesar de ser mi cumpleaños iba a estar castigada todo el día. Salí del mercado de la mano de mamá, con el guardia civil al lado y todo el mundo mirándonos. El pollero me decía adiós con la mano sonriendo, no podía ser malo.
Mi regalo se había terminado Y Carmen, después de todo, si era un poquito mentirosa, pero ya sólo un poquito menos.





5 comentarios:

Ignacio dijo...

Espléndido relato lleno de frescor infantil; insinúa episodios de la infancia de todos.
Un abrazo

Rocio dijo...

Relato formidable que es tan divertido y sugestivo, que me recuerda a los libros de aventuras que siempre he querido protagonizar.

Sonia Montero Trénor dijo...

Muchas gracias por vuestros generosos y amables comentarios! La infancia y sus aventuras son una gran fuente de inspiración sin duda.

Amalie le Champs dijo...

Pollito azul. Verduras frescas. Niña que ya sabía lo que quería y cómo lo podía conseguir. Cocinera mentirosilla pero abispada y una madre que mucho tenía que ver de cómo salía la niña. Ella hubiese hecho lo mismo de niña. Y un lugar donde se mezclaban todo tipo de imágines y olores. Fantástico tu relato. Y me encanta la "voz" de esa chiquilla protagonista en el relato.

Sonia Montero Trénor dijo...

Gracias Amalie le Champs por tu comentario. Has captado la esencia del relato totalmente. La madre, la niña, la cocinera y el Mercado han existido... Y el pollito por supuesto! Un beso muy fuerte.